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jueves, 17 de mayo de 2012

TEORÍA.- Tema 1. El dibujo, el color, la pintura.

TEMA 1: EL DIBUJO, EL COLOR, LA PINTURA Y LOS PROCESOS CEREBRALES.

Lo ideal a la hora de abordar el color  es que los alumnos hayan aprendido a dibujar antes de empezar a pintar.
El tema del color requiere formación específica, lo que conocemos como “Teoría del color” y que debería intercalarse entre dibujo y pintura.
Nuestro objetivo es llegar a aprender a usar los distintos medios para representar una gran variedad de temas y, sobre todo, ver del modo en que lo hace el artista. Uno de estos modos de ver, que conecta dibujo y pintura, es la percepción de los valores, es decir, los cambios en la claridad y la oscuridad.

Para llegar a esta meta el proceso debería ser el siguiente:

1.   Aprender primero a ver y dibujar contornos con líneas.
2.   Avanzar a dibujar espacios y formas en proporción y perspectiva.
3.   Aprender a ver y dibujar valores.
4.   Aprender a ver y obtener colores, mezclando pigmentos.
5.   Finalmente combinar las técnicas del dibujo y el color para aplicarlas a la pintura.

Van Gogh, pintor autodidacta fue un buen ejemplo de esto, ya que antes de comenzar a pintar decidió mejorar su dibujo.




El problema más frecuente para los novatos en el color es la dificultad para ver los colores como valores.






Por ejemplo, si hablamos del violeta y el amarilllo, ¿en que lugar los colocarías en esta escala de valores?
Si has respondido que el mismo, habrás acertado. Si no, te habrás dejado llevar por la creencia de que el amarillo es claro y el violeta oscuro…

Ser capaces de diferenciar los grados de valor de los colores es importante porque los contrastes entre claros y oscuros son también fundamentales para una buena composición. Los problemas de contraste generan problemas de composición.









Esto podemos observarlo en la siguiente obra “La doncella de cabellos dorados” del pintor inglés lord Frederic Leighton, que pintó el pelo rubio dorado de la joven en una gama de valores del oro claro al negro. Si no hubiera visto las variaciones de claros y oscuros, y lo hubiera pintado en un solo valor (por ejemplo, el oro de la coronilla) la composición se hubiera desintegrado.
A mediados del S. XIX, los pintores usaban un método llamado grisalla consistente en realizar la composición en matices de gris antes de añadir el color. Sería propiamente un dibujo en pintura, que ilustraría perfectamente las conexiones entre dibujo, pintura y color.





Otra conexión que une el dibujo, la pintura y el color concierne a los procesos cerebrales.
Como ya hemos visto a lo largo del curso, dibujar un tema percibido requiere de las funciones visuales perceptivas, no verbales del hemisferio cerebral derecho, sin que intervenga el sistema verbal del hemisferio izquierdo.
Sin embargo, el color y la pintura, aunque requieren de esas mismas funciones visuales perceptivas, precisan además de la intervención del hemisferio izquierdo, verbal, para obtener los colores mediante mezclas.
El estado mental para pintar, por tanto, se podría definir como la alternancia entre la modalidad D, la modalidad visual-perceptiva, y la modalidad I, la modalidad verbal analítica. Esta alternancia, sobre todo causada a al hora de preparar los colores, es casi inconsciente en el pintor experimentado.

La percepción correcta es el requisito más fundamental para el dibujo, la pintura y el color, pero hay procesos cerebrales que influyen en nuestra capacidad para ver lo que tenemos delante. Por ejemplo, hay un proceso cerebral llamado “constancia del tamaño” que hace que “veamos” imágenes que tienen más que ver con el conocimiento ya existente que con la información que llega a nuestra retina.
Esto lo podéis observan en el ejemplo siguiente, donde se le pide a un alumno principiante que dibuje la vista frontal de la silla y llega a deformar la imagen para dibujar el asiento redondo. El motivo es que el alumno sabe que el asiento tiene que tener esa forma…


Lo mismo ocurre con el color, ya que el cerebro a veces pasa por alto la información de color que recibe la retina.  Por ejemplo, el cerebro “sabe” que el cielo es azul, las nubes blancas, el pelo rubio amarillo y los árboles verdes con troncos castaños.  Y es realmente difícil dejar de lado estas ideas, formadas en la infancia, y por ello miramos un árbol sin verlo realmente.
Un experimento realizado por un profesor demuestra esto de lo que hablamos. El experimento en cuestión consistía en preparar un bodegón con objetos geométricos como cubos, cilindros, esferas…y una caja llena de huevos blancos. Iluminó el conjunto con focos de luces coloreadas, de forma que se vieran de color rosado tirando a rojo. Cuando les pidió a los alumnos que lo pintaran todos lo hicieron pintando las figuras geométricas con matices de rojo y rosa excepto los huevos que los pintaron ¡de blanco!. Porque los huevos son ¡BLANCOS!.































La finalidad de las constancias es la eficiencia. El cerebro no quiere tener que decidir cómo cambian los objetos conocidos al cambiar determinadas condiciones como la luz, la distancia, etc… Principalmente vemos lo que hemos aprendido a esperar ver.

Otro aspecto fundamental para ver los colores es la variabilidad de la luz. Por ejemplo, la luz amarillenta de media mañana hace más anaranjado el color rojo, y la luz azulada de la tarde, matiza el rojo hacia el púrpura. Pero el cerebro se resiste a reconocer estos cambios…
Claude Monet (1840-1926), y con él muchos impresionistas, pintaban una y otra vez los mismos temas, desde el mismo punto de vista, a lo largo de muchos días, llevando diez o más telas que iban cambiando cada hora más o menos, para comprender y plasmar cómo cambian los colores bajo las variables condiciones de la luz.

       Claude Monet, Almiares en Chailly 1865
       Óleo sobre tela.

Pero las condiciones de luz no son lo único que influye en la percepción del color. También vemos los colores distintos según sean los colores adyacentes. Este efecto depende también de la percepción individual de los colores, pero de cualquier forma podemos hacer que un color parezca como tres colores distintos rodeándolo de tres fondos diferentes.



        
Aunque el azul es el mismo, parece más oscuro sobre fondo amarillo que sobre verde, y más vivo sobre naranja que sobre los otros dos.
El “contraste simultáneo”, que es el efecto que tienen los colores entre sí y en nuestra percepción de la relación entre ellos, provoca que por ejemplo si un rojo vivo está rodeado de un verde vivo, veamos un brillo en los bordes entre ambos colores. Esto ocurre cuando se encuentran dos colores complementarios, como el rojo y el verde.





Otro efecto a tener en cuenta es el que se produce cuando rodeamos por tres colores diferentes un mismo matiz de gris, hecho con blanco y negro. El gris parece coger un leve tinte del color que lo rodea.



Esto lo utilizan los pintores asiáticos tradicionales a la hora de pintar paisajes, y así rodean con un tono gris una zona circular sin pintar en el cielo (que puede representar al sol o a la luna). Esta parte sin pintar parece brillar con una luz interior que es más blanca que el verdadero color del papel en que se ha pintado.

Si queréis saber más, os dejo aquí el enlace del primer tema, de donde he resumido la teoría que acabamos de ver:

https://docs.google.com/leaf?id=0B6mKzTuJVcB1YjU3NmI1M2UtZmRlOS00MDk5LTkzYTEtYTMxMDZkOGQzYzY3&sort=name&layout=list&num=50

1 comentario:

  1. Es justo decir que este material pertenece al libro de Betty Edwards.

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