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jueves, 10 de noviembre de 2011

Película.- Exit Through the gift shop. 2010


"Quizás el arte sea una broma."
Banksy.
El título de este estupendo ¿documental? ‘Exit through the gift shop’ (‘Salida por la tienda de regalos’) ya es una declaración de principios. Hace referencia a que la mayoría de los museos están estructurados de tal forma que la única manera de abandonarlos es atravesando su tienda. Ya tenemos los dos bandos enfrentados antes incluso de que comience el film: arte versus capitalismo.
Aún hay más antes del inicio: la imagen precréditos representa un logo prácticamente idéntico al de la Paramount (concretamente pone “Paranoid”) mientras es tiroteado. La película del artista callejero Banksy será un viaje en el que nos responderán por qué la Paramount no sólo no se habrá negado a que tiroteen su logo, sino que estará encantada de ello, aunque ya aviso que las preguntas serán más numerosas que las respuestas. ¿Vamos?
Mi conocimiento sobre el mundo del graffiti y el street art se limitaba a saber de la existencia de un tal ‘muelle’ que inundó los muros de Madrid con su firma a principios de los 80 y a observar y comentar con amigos los graffitis especialmente divertidos y/o inspirados que nos vamos encontrando por la calle.
Al que sí conocía era a Banksy. Los graffitis, serigrafías y happenings varios de este provocador nato, poseen un marcado carácter político (de izquierdas, para entendernos) y su marca de la casa consiste en la perversión de lugares comunes y situaciones cotidianas. Recuerdan sobre todo a los dibujos de Terry Gilliam para la serie ‘Monty Phyton’s flying circus’. Pero el objetivo siempre es el ataque al establishment, al poder. Sus combativas creaciones son conocidas y copiadas en las calles de todo el planeta. Banksy es un personaje muy sugerente también por su anonimato. Nadie sabe quién es. Nadie le ha visto el rostro. Últimamente ha vuelto a copar los medios por su creación de una “intro” de ‘Los Simpsons’ que, a mi entender, es una obra maestra de la provocación, y chapeau para los directivos de la Fox por atreverse a emitir algo así.
La primera sorpresa que nos depara la película es que el protagonista no es Banksy, sino Thierry Guetta, un francés bigotudo y con pocas luces, que va a todas partes con su inseparable videocámara. Lo graba absolutamente todo, sin un objetivo concreto. Para entendernos, es una especie de ‘mocito feliz’... hasta que cae en el mundo de los artistas callejeros. Por la pantalla comienzan a desfilar una extraña galería de personajes como ‘Space invader’ con sus mosaicos de marcianitos, o Shepard Fairey, que inunda los muros de los edificios con el inquietante rostro de ‘André the Giant’ (antiguo luchador de ‘Pressing catch’) con la leyenda ‘obedece’. Es ésta la parte más vibrante del film. La grabación por parte de Guetta de las incursiones nocturnas de los graffiteros provoca una sensación de fantasmagoría que me hace pensar en el ejército de los ‘12 monos’ (‘Twelve monkeys’, 1995), Gilliam again. Y una cosa queda clara: el arte callejero es el nuevo “punk”.
Entonces aparece Banksy. Thierry Guetta cae rendido a sus pies y se ofrece como chico para todo. Banksy le acepta y así conoceremos de primera mano los métodos de guerrilla del artista y alguna de sus acciones más logradas, como una megaexposición al borde de la clandestinidad en la que la estrella es un elefante pintado de rosa. A partir de esa exposición, Banksy se convierte en objeto de deseo de las casas de subastas de medio mundo, y lo que empezó en las calles de Londres como arte radical y de protesta, acaba tristemente colgado en casas de pijos adinerados al lado de Picassos o Monets.
Mientras tanto, Guetta ha montado una película con todo el material rodado durante los años que ha convivido con los artistas callejeros. La sorpresa es que no es la película que estamos viendo. Sólo alcanzamos a ver un extracto, un bodrio de imágenes inconexas que bombardean sin piedad al espectador. Entonces, en un extraño giro, Banksy le aconseja a Thierry Guetta que deje el material grabado en sus manos e intentará remontarlo él mismo. Pero tampoco va a ser la película que estamos viendo, ya que ahora va a ser Banksy el que siga los pasos de un Thierry Guetta que ha decidido convertirse en un artista de talla mundial. El cazador cazado.

A partir de ese momento, asistimos a la fulgurante ascensión a los Olimpos de este peculiar individuo, rebautizado como Mr. Brainwash, que recuerda poderosamente al protagonista de ‘Bienvenido Mr. Chance’ (‘Being there’, 1979), de Hal Ashby. En él queda reflejado todo lo de vacío, estúpido y arbitrario que tiene el mundo del arte. Un advenedizo que jamás ha tenido nada remotamente parecido a una carrera artística, con la ayuda de un ejército de colaboradores crea una apabullante exposición multidisciplinar. El éxito es total y las ganancias superan el millón de dólares.
Finalizada la película, todo son dudas. ¿Hay manera de escapar al mercantilismo del arte? ¿De quién habla Banksy, de Thierry Guetta o de sí mismo? ¿Existe realmente Thierry Guetta? ¿Existe realmente Banksy? ¿No será todo una enorme broma? Da igual, yo me lo he pasado en grande. La edad de oro del documental continúa.

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